INSIGHT · 8 jun 2026

El océano te hizo un favor de 36 grados. El Niño viene a cobrarlo

El mar absorbió el calor que nos habría hecho la vida imposible. El Niño es el mecanismo por el que nos devuelve la cuenta: sequías, lluvias e inundaciones.

El océano te hizo un favor de 36 grados

Si el océano no se hubiera tragado el calor que generamos desde 1955, el aire que respiras ahora mismo estaría unos 36 grados centígrados más caliente.

No es una figura retórica. Es el cálculo que hacen los oceanógrafos de Scripps sobre la energía acumulada solo en los primeros dos mil metros de agua. En lugar de esos 36 grados, la atmósfera subió 1.2. Esa rebaja descomunal, la diferencia entre un planeta habitable y uno que no lo sería, te la hizo el mar. Y como casi todos los favores grandes, este también llega con factura.

Lo que está pasando realmente

El 7 de junio, en vísperas del Día Mundial de los Océanos, la ONU publicó la segunda Evaluación Mundial de los Océanos: 550 expertos de 86 países, casi cinco años de trabajo, 1,600 páginas. El retrato no es sutil. El ritmo de aumento del nivel del mar se duplicó, de hasta 1.9 milímetros por año antes de 2015 a 4.3 milímetros en 2023. Los arrecifes de coral del Caribe han caído cerca de 80 por ciento desde los años setenta, y hasta nueve de cada diez arrecifes del planeta podrían desaparecer si el calentamiento supera 1.5 grados. Cada año entran 52 millones de toneladas de plástico al mar. Mientras esa evaluación se publicaba, la Organización Meteorológica Mundial anunciaba otra cosa concreta: hay 80 por ciento de probabilidad de que El Niño se forme entre junio y agosto de 2026, y casi 90 por ciento de que dure hasta noviembre. No es un pronóstico para dentro de una década. Está ocurriendo en el Pacífico mientras lees esto.

La capa que casi nadie cuenta

El Niño no llega del cielo: sube desde el Pacífico, donde el océano libera el calor que guardó

Aquí conviene entender qué es el océano antes de entender qué es El Niño. El mar funciona como lo que la física llama una estructura disipativa: un sistema que absorbe energía concentrada y la reparte. Toma el calor que atrapan los gases de efecto invernadero, lo guarda, lo mueve entre latitudes y profundidades, y tarde o temprano lo devuelve. El Niño es, en el fondo, el océano exhalando ese calor almacenado. El nombre se lo pusieron pescadores peruanos en el siglo XIX, porque la corriente cálida llegaba cerca de la Navidad, y bautizaron al fenómeno por el Niño Jesús. Lo curioso, y lo que casi nadie en México conecta, es que aquí El Niño no significa lluvia. Significa lo contrario. En 2023 y 2024, El Niño nos entregó una temporada de lluvias fallida: para el verano de 2024, alrededor del 90 por ciento del país vivía algún grado de sequía, casi 90 por ciento de la Ciudad de México estaba en sequía severa, y el sistema Cutzamala, que surte una quinta parte del agua de la capital, llegó a mínimos históricos. El mismo motor que ahoga a Perú con lluvias deja sin agua a una ciudad de 22 millones.

Dos lecturas, con gente seria detrás de cada una

¿Dónde está, entonces, la palanca para no repetir 2024? Hay dos respuestas defendibles. La primera, sostenida por la comunidad climática y por la propia OMM, dice que el calor ya está adentro del océano, que el calentamiento marino es prácticamente irreversible a escala humana, y que lo único que cambia el desenlace de fondo es recortar emisiones. La palanca es física. La segunda lectura la formularon, desde la economía y la historia, el premio Nobel Amartya Sen y el historiador Mike Davis. Su tesis incómoda es que las grandes hambrunas asociadas a El Niño nunca las causó la sequía por sí sola: las causó la decisión de no responder, de seguir exportando grano, de confiar en que el mercado se ordenaría solo. La palanca, en esta lectura, es política: información, prioridades y capacidad de respuesta. Las dos lecturas son ciertas a la vez, y ahí está la tensión que ninguna estadística resuelve sola.

El espejo lejano

El Cutzamala surte una quinta parte del agua de la capital; en 2024 mostró el fondo.

El argumento de Davis vive en su libro Late Victorian Holocausts, y es el dato que cuesta olvidar. Entre 1876 y 1902, una serie de episodios de El Niño provocó sequías simultáneas en India, el norte de China y el noreste de Brasil. Murieron entre 30 y 60 millones de personas. Lo que vuelve esa cifra inolvidable no es el clima, sino el detalle administrativo: en plena hambruna india, las autoridades coloniales siguieron exportando millones de quintales de trigo a Gran Bretaña, fieles a una ortodoxia de libre mercado que consideraba inmoral intervenir. El detonante fue el océano; la causa fue la respuesta. El espejo moderno está más cerca de lo que parece. En 2024, la Ciudad de México estuvo a semanas de un escenario de racionamiento extremo y lo esquivó, apenas, con coordinación de emergencia y la llegada tardía de las lluvias. Mismo peligro, desenlaces opuestos, y la variable que decidió no fue la fuerza del fenómeno sino qué tan preparada estaba la respuesta.

Lo que un Pulse revelaría, y la pregunta abierta

Si El Niño se está formando otra vez, y la OMM dice que sí, entonces el peligro ya está decidido por el océano. Lo que todavía no está decidido lo decidimos nosotros, antes de que baje el agua, en la lista de prioridades que la ciudad acuerde o no acuerde. Reparar las fugas que pierden cerca del 40 por ciento del agua en las tuberías, captar lluvia, racionar con equidad, invertir en el Cutzamala: todas son respuestas válidas, y la gente coincide en que el agua importa. Pero coincidir en el tema no es coincidir en la prioridad, y ahí es donde un instrumento de opinión ponderada por confianza dice algo que una encuesta normal no puede: no solo qué eligen los ciudadanos, sino con cuánta convicción, y dónde la convicción se separa de la popularidad. Esa distancia, entre lo que la mayoría vota y lo que la mayoría está segura de querer, es justo el conocimiento que una ciudad necesita antes de una sequía, no durante. La pregunta abierta no es si el mar nos volverá a cobrar el favor. Es si esta vez vamos a decidir la respuesta con tiempo, o a improvisarla con el tinaco vacío.

¿Te gustó este artículo? Compártelo.

¿Te gustó este análisis?

Recibe análisis semanales y vota en mercados activos.

O simplemente sigue leyendo el blog — es gratis.

Discusión(0)

El océano te hizo un favor de 36 grados. El Niño viene a cobrarlo | Crowd Conscious