CULTURA CÍVICA · 26 oct 2026

¿Mayoría o pluralidad? Lo que el domingo de Brasil le pregunta a México

Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta en Brasil y perdió la segunda. Explicamos cómo funciona una segunda vuelta, por qué el voto se diluye cuando hay muchos partidos y qué podría pasar si México copiara la segunda vuelta o un sistema de dos partidos.

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Por comunidadEditorial

26 oct 2026

El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro terminó primero en Brasil. Tres semanas después perdió la presidencia. No hubo error en el conteo: así funciona la regla. Y esa regla le plantea a México una pregunta de fondo: ¿basta con quedar en primer lugar o hay que obtener la mayoría?

En Crowd Conscious no venimos a decirte por quién votar ni qué partido tiene razón. Queremos explicar las reglas del juego, porque las reglas deciden cuándo se acaba el partido.

Qué pasó el domingo en Brasil

Con el 100% de las secciones totalizadas por el Tribunal Superior Electoral (TSE), el resultado de la segunda vuelta del 25 de octubre fue:

  • Lula: 51.79% de los votos válidos (64,256,232 votos) (Vototeca/TSE).
  • Flávio Bolsonaro: 48.21% de los votos válidos (59,826,041 votos) (Vototeca/TSE).
  • Participación: 80.78% del electorado (Vototeca/TSE).

En la primera vuelta, el 4 de octubre, el orden había sido el contrario: Flávio 47.03% y Lula 45.16% (Vototeca/TSE). Quien quedó primero en la primera ronda perdió la segunda. La literatura especializada llama a esto "reversión".

Lo que sigue, al 26 de octubre de 2026 a las 08:40 (hora de la Ciudad de México): Flávio Bolsonaro no ha reconocido el resultado. Dijo que es "imposible reconocer el resultado" y que pedirá la anulación de la elección (Reuters/UOL). A esa hora no encontramos confirmación de que la petición se haya presentado formalmente ante el TSE o el Supremo Tribunal Federal (STF) (G1). Los presidentes del TSE, del STF, del Senado y de la Cámara de Diputados reconocieron el resultado (O Globo, AP). Actualizaremos esta nota si hay cambios.

Cómo funciona una segunda vuelta

La Constitución de Brasil exige mayoría absoluta de los votos válidos, es decir, más del 50%. Los votos en blanco y los nulos no cuentan. Si ningún candidato lo logra en la primera ronda, los dos primeros vuelven a competir el último domingo de octubre (art. 77) (Planalto).

El proceso tiene tres pasos:

  1. Primera ronda abierta. Compiten todas las candidaturas y cada persona vota por su opción preferida.
  2. Filtro. Si nadie supera el 50% de los válidos, solo pasan los dos primeros lugares.
  3. Ronda final. El electorado elige entre dos opciones, así que quien gana obtiene más de la mitad de los votos válidos.

Hay dos datos más que ayudan a entender el contexto brasileño. El voto es obligatorio para mayores de 18 años y opcional para personas de 16 y 17 años, mayores de 70 y analfabetas (art. 14) (Planalto). Además, la participación subió de 78.92% en la primera vuelta a 80.78% en la segunda (Vototeca/TSE). Esto describe lo que pasó este año; no es una regla general.

México: un solo turno, gana el primer lugar

En México la presidencia se decide en una sola ronda y gana quien obtiene más votos, aunque no llegue a la mitad. A esto se le llama mayoría relativa o pluralidad. Así se han visto los últimos treinta años:

  • 1994: el ganador obtuvo 48.69% (IFE/INE).
  • 2006: 35.89% contra 35.31%, una diferencia de 0.58 puntos (IFE/INE).
  • 2012: 38.21% según el cómputo distrital (IFE).
  • 2018: 53.19% (INE).
  • 2024: 59.76% (INE).

Una advertencia importante: los porcentajes de México se calculan sobre la votación total, que incluye los votos nulos. Los de Brasil se calculan sobre los votos válidos, que excluyen blancos y nulos. Por eso las cifras no se pueden comparar directamente: con la misma cantidad de votos, el porcentaje mexicano sale un poco más bajo que si se usara la base brasileña.

Gráfica de barras: porcentaje del ganador en México en 1994, 2006, 2012, 2018 y 2024 sobre votación total, junto a la primera y segunda vuelta de Brasil 2026 sobre votos válidos, con una línea punteada en 50%

En tres de esas cinco elecciones (1994, 2006 y 2012), quien ganó no obtuvo la mitad de los votos. En 2018 y 2024 sí la superó.

Votos diluidos: muchos partidos contra dos opciones

Para entender por qué en México se puede gobernar con menos de la mitad de los votos, hay que mirar cuántas opciones hay en la boleta. Hoy México tiene seis partidos políticos nacionales con registro ante el INE: PAN, PRI, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano y Morena (INE). El séptimo, el PRD, perdió su registro en septiembre de 2024 porque no alcanzó el 3% de la votación válida (INE). Varios partidos pueden ir en coalición y postular a la misma persona, pero en la boleta presidencial suele haber más de dos opciones reales.

Fragmentación. Cuando el voto se reparte entre muchas opciones, a cada una le toca una porción más pequeña. En un sistema de un solo turno, el primer lugar puede quedar lejos de la mitad y aun así ganar. Los ejemplos verificados lo muestran: en 2006 el ganador obtuvo 35.89% de la votación total (IFE/INE) y en 2012, 38.21% (IFE). Dicho de otra forma: en 2006 más de seis de cada diez votos fueron para otras opciones o se anularon. Esto no hace ilegítimo a nadie, porque esa era la regla vigente y se aplicó. Lo que muestra es qué tipo de mandato produce la regla.

Una segunda vuelta obliga a elegir entre dos. En Brasil, la primera vuelta reparte el voto entre todas las candidaturas. Si nadie supera el 50% de los válidos, la segunda vuelta deja solo dos opciones (Planalto). Por construcción, quien gana obtiene más de la mitad de los votos válidos. Eso no significa que la mitad del país prefiera de verdad a esa persona: parte de esos votos son una segunda preferencia o un voto por el "mal menor" (Redalyc).

Tres barras apiladas: México 2006 con 35.89%, 35.31% y un resto de 28.80% de la votación total; Brasil 2026 en primera vuelta con 47.03%, 45.16% y un resto de 7.81% de votos válidos; y Brasil en segunda vuelta con 51.79% y 48.21%, con una línea en 50%

Voto estratégico. El voto estratégico, o "voto útil", ocurre cuando alguien no vota por su opción favorita, sino por la que cree que tiene posibilidades de ganar, para no "desperdiciar" su voto. En un solo turno ese incentivo aparece desde el principio. Con segunda vuelta, la teoría dice que en la primera ronda se puede votar con más sinceridad, porque habrá otra oportunidad (Redalyc, Pérez-Liñán).

Coaliciones antes o después. En un solo turno, a los partidos les conviene aliarse antes de votar, porque no habrá segunda oportunidad. Con segunda vuelta, la primera ronda funciona como una medición de fuerzas, y las alianzas se negocian después, entre una vuelta y otra (Redalyc). Cada camino tiene costos. Las alianzas previas pueden reducir opciones en la boleta. Las posteriores pueden armarse rápido y deshacerse igual de rápido una vez en el gobierno.

La "ley" de Duverger: una tendencia, no una ley natural. El politólogo francés Maurice Duverger planteó en los años cincuenta que la mayoría simple a una sola vuelta favorece un sistema de dos partidos, y que la segunda vuelta y la representación proporcional favorecen el multipartidismo (Oxford Reference). La explicación es doble: los partidos pequeños casi no ganan, y sus votantes migran hacia las opciones con posibilidades. Pero es una tendencia, no una regla automática. Un estudio de 6,745 contiendas en 53 países encontró que, con mayoría simple, los dos primeros partidos suelen dominar, aunque los terceros lugares no desaparecen y factores como las divisiones sociales también influyen en la fragmentación (British Journal of Political Science). México ilustra bien el límite: elige presidente por mayoría simple y aun así tiene seis partidos nacionales.

Mayoría o pluralidad: qué cambia

La diferencia no es solo de aritmética: cambia el tipo de mandato que recibe quien gana y la forma en que se comportan partidos y votantes. Resumimos lo que dice la investigación académica, sin inclinarnos por ningún modelo.

A favor de la segunda vuelta (Redalyc, Pérez-Liñán):

  • Quien gana llega con el respaldo de más de la mitad de los votos válidos, lo que puede darle más legitimidad.
  • Entre una ronda y otra se forman coaliciones.
  • En la primera ronda se puede votar con más sinceridad por la opción preferida, porque habrá una segunda oportunidad.

En contra de la segunda vuelta (Redalyc, Dialnet):

  • Se asocia con un mayor número de partidos.
  • Puede producir mayorías "artificiales", sostenidas por votos por el "mal menor".
  • El presidente puede quedar en minoría en el Congreso, porque el 50%+1 en la boleta presidencial no se traslada al Poder Legislativo.
  • Requiere una segunda jornada electoral. No encontramos una estimación oficial del INE sobre cuánto costaría en México, así que no damos una cifra.

A favor de la pluralidad (un solo turno):

  • Es simple, rápida y se resuelve en una sola jornada.
  • Tiende a concentrar la competencia en menos opciones.

En contra de la pluralidad:

  • Se puede ganar con bastante menos de la mitad de los votos, como en 2006 (35.89%) o 2012 (38.21%).
  • Cuando la diferencia es muy estrecha, no hay un mecanismo para construir una mayoría clara.

También hay opciones intermedias. Argentina exige 45%, o 40% con 10 puntos de ventaja (Redalyc). Taagepera y Shugart propusieron la regla del "doble complemento", un punto medio entre ambos sistemas (eScholarship).

¿Y en México se ha propuesto?

Sí, muchas veces. Desde el año 2000 se han presentado más de 30 iniciativas de segunda vuelta (UnoTV), y ninguna ha prosperado (Gaceta Parlamentaria). En marzo de 2026 se presentó otra, que sigue pendiente en la Comisión de Puntos Constitucionales (La Razón). La reforma electoral aprobada después ("Plan B") no incluye segunda vuelta (El Universal). Tampoco la incluyeron las propuestas que entregó el INE en enero de 2026 (INE).

¿Y si México copiara...?

Exploremos dos escenarios. No son predicciones ni propuestas nuestras. Son preguntas para pensar qué cambiaría.

Escenario A: segunda vuelta si nadie pasa del 50%

Imaginemos que México adopta una regla parecida a la de Brasil: si en la primera ronda nadie supera la mitad de los votos válidos, los dos primeros lugares compiten de nuevo semanas después.

Qué podría pasar:

  • En elecciones muy cerradas, como la de 2006, habría una segunda ronda en lugar de una ventaja de 0.58 puntos (IFE/INE). ¿Eso aportaría más certeza o solo trasladaría la tensión a otra jornada?
  • En elecciones como las de 2018 y 2024, en las que el ganador superó el 50% de la votación total (INE, INE), probablemente no habría cambiado nada.
  • Los partidos tendrían menos presión para aliarse antes de la elección. ¿Veríamos más candidaturas en la primera ronda, como sugiere la investigación (Redalyc)?

Ventajas y desventajas posibles: un mandato respaldado por más de la mitad de los votos válidos, a cambio de campañas más largas y de un posible voto por el "mal menor". Además, ganar la presidencia con 50%+1 no garantiza mayoría en el Congreso.

Costo: una segunda jornada implica volver a instalar casillas, capacitar a funcionarios y contar votos. El INE no tiene una cifra oficial de cuánto costaría una segunda vuelta presidencial, y nosotros no vamos a inventarla. Si este debate avanza, esa cifra debería ser parte de la conversación.

Escenario B: un sistema de dos partidos dominantes

Ahora imaginemos un México donde casi todo el voto se concentra en dos grandes partidos, como suele asociarse con países que eligen por mayoría simple en distritos de un solo escaño (Britannica).

Qué podría pasar:

  • Quien gane tendría más probabilidades de superar el 50% sin necesidad de una segunda vuelta.
  • Según Britannica, el bipartidismo suele asociarse con más estabilidad de gobierno y con partidos que funcionan como grandes coaliciones internas, donde las diferencias se negocian dentro de cada partido y no a la vista de todos (Britannica).
  • La misma fuente advierte que un tercer partido con apoyo real puede quedarse prácticamente sin representación (Britannica). ¿Qué pasaría con las causas y regiones que hoy encuentran voz en partidos más pequeños?

Ventajas y desventajas posibles: más claridad y menos fragmentación, a cambio de menos opciones en la boleta y de que más personas tengan que votar por la opción "menos lejana" y no por la que prefieren.

Un matiz importante: un sistema de dos partidos no se decreta. Según la investigación sobre Duverger, si llega a surgir, es la consecuencia de reglas e incentivos que se acumulan con el tiempo, y aun así los terceros partidos no desaparecen del todo (British Journal of Political Science). La pregunta de fondo no es "¿dos o seis partidos?", sino qué reglas queremos y qué tipo de representación producen.

El mapa de la región

¿Quién encabeza hoy cada gobierno de América Latina? Lo mostramos con burbujas de código de país, no con retratos. No coloreamos por ideología, porque nuestras fuentes no ofrecen una clasificación verificada de izquierda o derecha. El color marca algo verificable: si hubo cambio de jefe o jefa de Estado entre 2025 y 2026.

Mapa de América Latina con una burbuja de código de país y el nombre del jefe o jefa de Estado de cada país al 26 de octubre de 2026; en coral, los países con cambio de gobierno en 2025–2026; orientación política sin clasificar

Tu turno: responde con certeza, no con partido

La pregunta no es quién debería ganar, sino cómo debería decidirse quién gana. Responde cada pregunta en una escala de certeza del 1 (nada seguro) al 10 (totalmente seguro):

  1. ¿Qué tan seguro estás de que México debería tener segunda vuelta si nadie pasa del 50% de los votos en la primera ronda?
  2. ¿Qué tan seguro estás de que un sistema de dos partidos dominantes representaría mejor a México que el sistema actual de varios partidos?
  3. ¿Qué tan seguro estás de que valdría la pena el costo de una segunda jornada electoral a cambio de un presidente con más de la mitad de los votos?
  4. ¿Qué tan seguro estás de que, con segunda vuelta, más personas votarían por su opción favorita en la primera ronda en lugar de hacer "voto útil"?
  5. ¿Qué tan seguro estás de que tener menos partidos reduciría la polarización en México?

Responde el Pulse y compara tu certeza con la de la comunidad: Vota en el Pulse: ¿Y si México tuviera segunda vuelta?

Fuentes

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